-8-
A la mañana siguiente todo parecía diferente,
tenía ganas de ver a Leo y de poder besarle al fin. Pero no podía dejar de
darle vueltas al sueño que tuve por la noche. Había sido bastante extraño, no
lo recordaba muy bien pero había visto la imagen de un hombre con barba y pelo
canoso. Podría ser algún recuerdo de mi vida, quizá algún familiar, mi padre.
Estaba confusa y me dolía la cabeza, pero nada de eso iba a quitarme la ilusión
de ver a Leo en cuanto saliera de la habitación. Me lavé un poco y me puse el
vestido que Marina me había dejado ayer. Salí a tomar algo para el desayuno,
Marina me esperaba y me dio un tazón con leche:
-La ha traído Leo esta mañana temprano.
– ¿Está
tu hermano fuera?-dije impaciente
-
S… Ehh… no, él no está. Se fue otra vez.-dijo Marina con voz insegura.
-¿Seguro? Pero si creo haber escuchado su voz hace un momento. ¿Qué
pasa? ¿Quieres que no le vea? -Que
no está, habrán sido imaginaciones tuyas.-dijo cortante.
–Marina, ¿Qué me estás ocultando?
-¿Qué? ¿Ocultarte yo? Yo no te oculto nada querida amiga, simplemente no
está. Ya lo verás más tarde, cuando vuelva.
De
repente se escuchó la voz aguda de una mujer. No me lo podía creer. Estaba
segura de que podía ser Diana, la prometida de Leo.
-¿Qué ha sido esa voz? – pregunté a Marina como si no sospechara yo
nada.
-¿Cuál voz? Yo no oí nada.-contestó disimulando que no sabía nada.
Salí corriendo a ver
qué pasaba, Marina trato de impedir que saliera de la casa en vano. ¿Se
pensaban que yo era tonta? En cuanto salí allí estaban Leo y esa chica, era
rellenita y tenía una voz insoportable. Su pelo era rubio y realmente…no era
fea, pero tenía una pinta de caprichosa.
-¿Leo?- dije con sorpresa- No me lo puedo creer-me fui corriendo.
– ¡Preciosa! No,
espera, no te vayas, ¡espera!- escuché gritar a Leo.
-¿Leo dónde vas? Leo no te vayas, se lo voy a decir a mi padre…
¡Leeooo!-escuché gritar a Diana.
Mientras tanto yo seguía corriendo,
no quería que él me alcanzase, no quería escucharle. Como no conocía el
bosque opté por dar un giro y volver a la casa para encerrarme en la habitación.
- ¡Princesa para de correr!
¡Vamos no huyas de mí!- gritó Leo.
–Déjame en paz Leo, no me sigas, no me hables. ¡Te odio!- le grite con
todas mis fuerzas.
–Preciosa no me digas eso por favor, detente para que podamos hablar.-me
grito Leo con tono suave. Lo grave no
era que estuviera con ella porque al fin y al cabo era su prometida, lo grave
fue que ocultara que estaba con ella y que convenció a Marina para que yo no
descubriera que estaban fuera hablando o lo que estuvieran haciendo. No quiero
que él me mienta y no me gusta que
manipule a su hermana para que yo no sepa nada. Seguí corriendo hasta la casa,
creo que él sabía perfectamente donde me dirigía. Entré y sin decir nada a
Marina me encerré en la habitación. No quería hablar con él. Al instante le
escuché entrar en la casa.
–Marina, hermana, ¿ha vuelto aquí? Creo haberla visto entrar.-escuche
decir a Leo.
–Si hermano, ella está aquí pero creo que se ha encerrado en la
habitación.-contestó Marina. –Menos mal, ¿Te ha
dicho algo?-preguntó Leo.
–No, entró corriendo sin decir nada. Estaba llorando, la has hecho daño
¿lo sabes verdad?
-Marina, ¿Qué he hecho? No debí haberle ocultado que Diana estaba fuera
hablando conmigo, no debí pedirte que la mintieras. ¿Por qué tiene que pasar
esto ahora que iba todo bien? -¿Todo
bien? ¿Qué ha pasado?
-¿No te lo ha contado?
-¿El
qué? A mí nadie me ha dicho nada, me he perdido.
–Ayer por la
noche ella salió cuando yo estaba cortando leña y aunque intentó que no la
viera pues la vi y me acerqué a ella. Estuvimos hablando un rato mientras le
curaba el brazo. Nos confesamos todo Marina, fue un momento muy especial. La
quiero.
-¡Vaya! ¡Eso es fantástico! Bueno, aunque ahora… vas a tener que ir a
hablar con ella.
–No creo que sea el momento
ahora, tendré que esperar. Ojalá me perdone.
Con esas palabras de Leo concluyó la conversación y si, lo escuché todo.
No voy a negar que me conmovieran sus palabras pero tiene que aprender que
ocultarme algo así es doloroso. No voy a perdonarle solo por las palabras que
acaba de decir, que trabaje un poco más, no se lo voy a poner fácil. Al rato sonó la puerta de la
habitación:
-¿Puedo pasar, amiga?-preguntó Marina. –Si
claro, pasa Marina.-contesté dejándola pasar
-Vengo a
disculparme amiga, por no haberte dicho antes lo que pasaba.-dijo
disculpándose
-No te preocupes, tú no tienes que disculparte por nada, fue Leo quien
te pidió que lo hicieras. A saber qué clase de intimidad quería con esa Diana.
No es tu culpa, no estoy enfadada contigo.
–Amiga no te confundas, Leo no quería intimidad con ella. Una vez a la
semana o así se ven y hablan, mi hermano intenta convencerla de que él no es el
hombre de su vida y cosas por el estilo, ahora con más razón. Si no quería que
supieras que estaba con ella era para que no te preocuparas, él quiere estar
contigo, sea como sea y ahora lo más sencillo era pedirle que su padre anulara
ese compromiso.
–No está bien que Leo te envíe a hablar conmigo para que le perdone. Si
la quiere a ella mira que se quede con ella, pero dile que no te haga decir
mentiras, que no se invente escusas raras.
– ¿De veras piensas eso? Él te quiere
y solo quiere estar contigo, por eso no te lo contó. –Si
Leo tiene algo que decirme que venga y me lo diga él. No intercedas más por él
Marina, no se lo merece.
–Mi hermano intentó hablar
contigo y tú saliste corriendo, ¿recuerdas?
-Sí, pero eso fue antes y lo hice porque no sabía cómo reaccionar. Así
que ya sabes, que venga él. –Leo ha salido
ahora, pero en cuanto vuelva le diré que venga a hablar contigo, ¿vale?- me
dijo Marina con una sonrisa.
–No
sonrías Marina, no sé si le voy a perdonar. No me gustan las mentiras.
Llegado el atardecer, Leo volvió a casa. La tarde se me había hecho muy
larga. No voy a negar que tenga ganas de que venga a hablar conmigo, pero no
iba a resultarle sencillo. Sé que Marina fue a hablar conmigo por su propia
voluntad, y que lo hizo con toda su buena intención, pero tenía que parecer
dura. Creí cada palabra que ella me dijo, no dudaba de nada, yo simplemente
quiero que me lo diga él. En el momento en
el que Leo volvió yo estaba sentada ayudando a Marina con la cena, puse cara de
indiferencia para que no se pensara que llevo esperándole toda la tarde.
Entonces Leo se acercó a mí y cogiéndome la mano me dijo:
-¿Podemos
hablar preciosa?-me dijo con una mirada triste.
–Sí, ¿Qué quieres Leo?- dije un poco borde. –Quiero
que me perdones, perdóname por haberte mentido. No quería que supieras que ella
estaba aquí porque no quería verte sufrir ni tampoco preocuparte. No voy a
casarme con ella digan lo que digan. Yo quiero conocerte a ti, quiero estar
contigo. Pero no mereces que te mienta, no lo haré más.
Antes de contestarle me puse a pensar. Parece
tener un don para la palabra, siempre sabe que decir, aunque también ha podido
ensayarlo por el camino. Sea como sea, se había esforzado para que le
perdonara.
-Leo, yo no sé qué decir.
No puedes conocerme, no sabes quién soy ni yo tampoco. –Pero
me refiero a conocer tu interior, lo que te gusta, lo que piensas… El pasado no
me interesa, no es importante.
–
Para mí sí, yo quiero saber quién soy, de donde vengo… Pero no quiero que eso
cambie mi futuro, la posibilidad de estar a tu lado. –Te
ayudaré a saber quién eres y lo sabes. Entonces, ¿me perdonas?-dijo mirándome
con sus verdes ojos llorosos.
–Claro
que sí Leo, así que no me mires así que voy a llorar yo también. –Mi
princesa, nunca más te voy a hacer daño, con lo mal que lo he pasado.
Tras eso me abrazó muy fuerte, notaba su calor, su corazón y poco a poco
el amor que sentía por mí. Pero yo estaba empezando a dudar si entregarme a
este amor, aunque yo también sintiese algo tan fuerte por él. No sería justo
para él no poder tenerme si mi vida fuese complicada o si ya estuviera casada.
Debía de tener cuidado pero el corazón me guiaba y sentía que este amor tenía
que tener su historia, debía dejarme llevar.