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Ya estábamos llegando al pueblo, se veía el
campanario de una pequeña iglesia, los tejados de las blancas casas y el ruido
del murmullo de las gentes.
El
pueblo no era muy grande pero sí había mucha gente. La calle principal estaba
abarrotada, se notaba que era día de mercado.
Marina y yo caminamos hacia unos puestos en los que se vendían telas
para hacer vestidos y ropas. Las telas eran variadas, las había de colores, con
estampados bordados a mano y algunos
pequeños retales.
–Estas telas son realmente preciosas ¿verdad, amiga? –Dijo Marina
-Pues si, no creo que tus ahorrillos lleguen para comprar alguna tela de
estas.-la contesté siendo realista. –Si,
bueno, esto solo son telas para hacerte tu propia ropa, creo recordar que
también hay un puesto en el que venden vestidos tanto nuevos como de gente de
bien que ya no los quiere y los dona, entonces alguien se dedica a cogerlos
para venderlos al pueblo a precios que podamos pagar.-dijo en tono
entusiasta.
–Bueno eso está bien, pero ¿la gente los compra? -Claro,
siempre es de buen ver tener alguna prenda bonita para ocasiones especiales, o,
en el caso de las jovencitas, tener ropajes coquetos para que algún muchacho se
fije en nosotras y poder enamorarse… -Tú lo que quieres es
vestirte de gala para que un buen mozo se enamore de ti. Yo creo que si alguien
está realmente enamorado de ti le da igual si vas con las mejores galas o con
un vestido viejo, te va a amar de todas las formas.
–Si ya lo se, pero también me gustan esos ropajes. –Supongo
que igual que a todas nos han de gustar, aunque yo no lo sé… -Amiga, esto nos gusta a todas. Venga vamos
a ver si vemos algún vestido bonito.
En un segundo llegamos al puesto de los vestidos. Había vestidos de
todos colores y formas, de verano, de invierno e incluso hechos a mano. Yo, de
repente, vi uno precioso, quizá digno de la realeza a mi parecer, lo cogí, era perfecto.
Era blanco con detalles dorados, mangas largas y abiertas por el antebrazo y tenía
una cola larga que arrastraba, pero no pareciese que mucho. Quería que Leo me
viera con ese vestido. Al momento Marina se acercó con un par de vestidos que
le habían gustado, estaba muy alegre y quería llevarse los dos.
–Amiga,
mira que bonitos, que lástima que solo pueda llevarme uno.- dijo con tristeza-
¿Y ese vestido? Es precioso, seguro que te quedaría genial. Me imagino la cara
de mi hermano al verte. – ¡Marina
es el vestido perfecto! Me gustaría mucho ponérmelo, que Leo me viera con él. –No
te preocupes, este vestido te lo regalo yo, como si fuera un regalo por tu
cumpleaños.
-¿Qué es un cumpleaños? De todos modos gracias, aunque no es necesario. –Cabeza
la mía, se me olvida que no recuerdas nada, perdona amiga. Un cumpleaños es la
celebración del día en que naciste y es una vez al año.
–Suena
bien eso del cumpleaños, seguro que yo también tengo de eso.
–Todo el mundo lo tiene. De
repente a Marina se le fue la mirada. Me giré y vi a un chico joven y guapo que
la sonreía y Marina le devolvía esa sonrisa.
–Vaya, ¿ese es el chico del que estás enamorada?- dije yo sonriéndola.
-¿Qué?
¡No! No estoy enamorada de Roberto, es un conocido.
–Excusas, encima te sabes su nombre, te gusta. –Es
amigo de Leo, es guapo pero estoy segura de que no se podría fijar en alguien
como yo.-dijo cabizbaja. –Pues te ha sonreído, yo creo que
le gustas.
–Calla, no digas eso. Mira, ahí viene. Marina
se puso nerviosa, le temblaba la mano y casi no pudo mediar palabra.
–Hola Marina-dijo el
chico dándola un beso en la mejilla- hace tiempo que no te veo, estaba
preocupado.
–No digas majaderías, no es necesario que te preocupes por mí.-dijo
Marina con tono esquivo. –Pero quiero
hacerlo preciosa.-Marina se sonrojó- perdona no me había dado cuenta, ¿quién es
tu amiga? -Ella es… bueno ella…
-Soy
la chica sin nombre, no lo recuerdo- dije intentado salvar a Marina.
–Sí, ella
ha perdido la memoria.
–Lo siento mucho, yo soy Roberto-dijo presentándose.
–No te preocupes Roberto, son las cosas de la vida- dije yo intentado no
incomodar la situación. –Bueno, me tengo
que ir, creo que nos vamos a ver esta noche pues Leo me ha invitado a cenar a
vuestra casa.
–Pues
entonces nos vemos luego- dijo Marina con una sonrisa en la cara.
Tras esto, Marina pagó los vestidos. Le dije que en cuanto pudiera yo le
devolvería el dinero, que no me gustaba deber nada a nadie. Ella asintió.
Entonces cogimos el mismo camino de vuelta a la casa. Por el camino seguía sin
pasar nadie, pero se oía el piar de las aves que habitaban en la zona. Noté a
Marina preocupada e intranquila y así me
dispuse a preguntar que le pasaba:
-¿Qué te pasa Marina? Te noto diferente.-dije preocupada.
–Nada
amiga, bueno si puede, no sé. Va a venir Rob a cenar y quiero que se fije en mí. –Pero si él ya se ha fijado
en ti. –Sí,
puede, pero me refiero a que quiero que me diga algo, que me corteje.
–Si él tiene pensado
hacerlo lo hará, tarde o temprano.
–Puede, pero mejor que sea antes que llevo esperando algo así toda mi
vida. –El
amor es así, no sabes cuándo llegará y cuando llega hay que dar el paso o si no
alguien te lo robará. –Entonces
date prisa con mi hermano- dijo Marina riendo.
Yo también me reí, pero no quería seguir con ese tema. Mi amor por él es
imposible, él se va a casar y yo no sé nada, no sé quién soy, aunque por vivir
algo así preferiría no acordarme y estar por siempre con Leo. Seguimos el
camino sin volver a hablar, ninguna de
las dos teníamos las fuerzas suficientes como para enfrentarnos a ese tema.
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