lunes, 24 de junio de 2013
Capitulo 4
-4- Durante un rato hubo un
silencio incómodo en la habitación. Miré a Leo, me sonrió de mala gana. Me
gustaría saber que pensaba en ese momento. Tenía la sensación de que yo sobraba
en ese momento. No tenía ganas de sonreír en ese momento, pero lo hice y
dije:
-Bueno,
vaya silencio más incómodo, ¿verdad? -Si…
Bueno en un rato vendrá nuestra madre, se fue esta mañana a lavar la ropa al
río.
-¡Perfecto! Así comeremos algo, porque tendrás hambre ¿verdad pre…?- le
interrumpí, sus palabras me hacían daño. –Si,
tengo hambre-le contesté cortante.
Leo
se marcho fuera otra vez. Marina me miró extrañada:
-¿Por qué le has contestado así a mi hermano?
-¿Qué? No le he contestado de ninguna manera mala….- dije excusándome -Vale
que te acabe de conocer, pero la forma de contestarle no ha sido muy buena…
¿acaso te ha hecho algo malo?
-No…
nada-mentí.
–
¿Segura? Yo también soy mujer, creo que te has enamorado de mi hermano ¿verdad
que es eso?
-¿Yo enamorada de él? ¡Por favor!, si ni siquiera le conozco…-dije con
una pícara sonrisa
-¿Y esa sonrisa? Además al amor verdadero no hace falta conocerlo solo
con mirarlo a los ojos te das cuenta de que es él, al menos siempre lo he
pensado así. –Supongo,
pero no… yo no siento nada por él…-dije mirando para otro lado.
–Si tú lo dices, te
creo.
Marina salió por la puerta a buscar algo de leña para encender fuego.
Yo, sola dentro de aquella humilde casa, me dediqué a observarla. Tenía dos
habitaciones pequeñas, una de ellas era la de Marina que tenía dos camas, y la
otra era la del señor Pedro y su esposa. Encima del fuego y la cacerola había otra
especie de habitación donde se accedía por unas escaleras de madera. Era todo
tan humilde y tan pequeño. Sentía que aquello era un hogar de verdad. Al rato regreso
Marina con una mujer mayor:
-¡Hola! Te
presento a mi madre, Dolores, madre esta es…- la interrumpí
-Soy la chica sin nombre, siento no recordarlo….
-No te
preocupes, entre todos nosotros te ayudaremos a recordar- dijo la señora
Dolores.
–Gracias- sonreí.
Entonces empezaron a prepararlo todo para la comida. Prendieron fuego a
la leña para calentar la cacerola. Les pregunté que había para comer, me
dijeron que sopa. Desde luego olía que alimentaba. Me invitaron a ayudarlas,
hubiera querido si supiera cocinar, o al menos si recordase que sabía, pero lo
rechacé, no quería provocar un incendio. Durante el tiempo que estuvieron
cocinando me dediqué a pensar, intentaba recordar, nada de nada. Salí un
momento a tomar el aire, allí fuera estaba Leo dando de comer a los animales.
Me lanzó una sonrisa, no se la devolví y me giré rápidamente. Se levantó y se
dispuso a acercarse a mí. Justo en ese momento salió Marina para decirnos que
la comida ya estaba preparada. Leo y yo quisimos pasar por la puerta a la vez,
él me dejó pasar, yo le puse mala cara. Marina me dijo que me sentara a su
lado, acepté. Había un gran silencio, nadie decía nada. Como nadie se atrevía a
hablar empecé yo:
-Muchas
gracias por la comida está muy buena. ¿Ustedes a que se dedican?
-De nada muchacha. Nosotros cultivamos cereales y los vendemos y criamos a algunos animales para luego
vender la carne-dijo el señor Pedro.
–Yo soy la
que se dedica a venderlos en el mercado- dijo la señora Dolores.
-¡Vaya! Está muy bien. Son tan humildes. -¡Eh
que yo también ayudo!- dijo Leo.
–Ya
si bueno…-le dije de una forma muy borde.
–Sobre lo de tu pérdida de memoria, nosotros te ayudaremos en lo que
podamos- dijo la señora Dolores. –Gracias...
No sé que hubiera sido de mí si el señor Pedro y Leo no me hubieran
encontrado.
–No pienses en eso amiga, piensa en el futuro y en recordar- me dijo
Marina.
Asentí. Al rato terminé mi comida y pedí permiso para levantarme de la
mesa y descansar un poco. Marina se ofreció a ayudarme y a acompañarme a su
habitación. Ella me preparó la cama en un visto y no visto, se lo
agradecí.
–Muchas gracias
Marina, nos acabamos de conocer y ya me tratas como si nos conociéramos de toda
la vida. Eres una buena amiga.
–De
nada, un placer. Es que no puedo evitarlo, soy así, y encima hace tiempo que no
tengo una mejor amiga a quien contarle mis cosas.
-¿De
quién era esta cama antes?
-Era de mi hermana, que se casó hace dos años. Todo este tiempo
guardándome los secretos para mis adentros.
–No te
preocupes, a mi puedes contármelo todo. Confía en mi - la sonreí. –Bueno
ahora descansa un rato. Si quieres esta tarde podemos ir a dar una vuelta y así
te enseño todo esto y te cuento un par de cosas.
–Vale. Me parece perfecto, despiértame cuando quieras ir a pasear.
Marina salió de la habitación. Yo me tumbé sobre la cama para poder
descansar solo un poco. Me dolía la cabeza y empezaba a notar un dolor fuerte
en el brazo. Era una herida profunda, tenía que curarla. Poco a poco se me
fueron cerrando los ojos. Me dormí.
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